miércoles, 9 de junio de 2021

HEMOS APRENDIDO ALGO DE LA COVID 19?

 HEMOS APRENDIDO ALGO DE LA COVID 19 ?.

Los políticos españoles poseen la facultad de difundir entre la población  cualquier tema por banal que sea y hacer de ello  causa que arrastra, sea sobre  deporte, bodas de famosos o vacaciones, hasta que se produce el  siguiente acontecimiento. Es una sociedad sin ideas propias y que  siempre  se  discuten apasionadamente. Con la pandemia del Covid 19 los medios y tertulianos  han desarrollado una difusión frenética, pero orientada a aspectos superficiales como  marcas de las  vacunas que se inoculan  o el énfasis por disfrutar alternado en los bares, pero se  han obviado las consecuencias de la extensión de los contagios,  el  tremendo número de muertes que ha causado y el coste económico que está  suponiendo y el que de ello se derivará. Los políticos, jueces  o militares que carecen de conocimientos en la materia  se han otorgado el derecho a interferir  en las decisiones de los expertos sanitarios estando  al borde del colapso, tanto por el esfuerzo que ha exigido atender a una pandemia  como por tener que afrontar las trabas de los políticos  en  materia sanitaria. La ciudadanía se ha preocupado de eludir los controles  que los expertos recomendaban con actitud que produce vergüenza, pues a pesar de la extensión de los contagios se convocaron fiestas ilegales de las que se derivaban focos infecciosos  exigiendo complejos procesos detección , hospitalizaciones con tasas de mortalidad que provocaron un efecto sociológico penoso en determinados círculos de edad, aunque  en otros,   ciudadanos irresponsables tomaban como una pugna para eludir  los controles policiales imprescindibles  para reducir la extensión de la pandemia. Realmente la ciudadanía en general ha dado una imagen de responsabilidad bastante pobre, salvo la ejemplaridad demostrada por la clase sanitaria que ha soportado  un trato humillante por parte de las autoridades políticas y judiciales y una gran  falta de solidaridad  de la sanidad privada.

 

 


viernes, 4 de junio de 2021

MEDIR LA CALIDAD DE UNA DEMOCRACIA

 

 MEDIR  LA CALIDAD DE  UNA DEMOCRACIA.

Decía un conocido juez inglés que el nivel  de la democracia  se medía por el de sus jueces. Por extensión alguien podría valorar  el de la sanidad en función del de sus sanitarios  y en el límite de lo imaginario, quizá, hasta  valorar su nivel de vida según los conocimientos  de sus economistas.  Fue Keynes  quien precisó más, pues   ponía la valoración  internacional de un país l en función del prestigio de sus economistas al hacer  frente a las situaciones de crisis económica. Afirmaba que en fases de auge todos son capaces de diseñar magnos  objetivos:  todo era válido,  pero en la crisis del 29 en la que la ciudadanía vivía en la euforia a pesar de  las quiebras  llevaban al  suicidio a empresarios arruinados. Pero en  depresión los expertos se vuelven pesimistas y son remisos,  pierden mucha fuerza  y tiempo  analizando y dilatando tomar decisiones  válidas.   En sus clases  en Cambridge  introducía     matices e ironías   que popularizaron y dieron fama a sus  lecciones magistrales seguidas incluso por alumnos de otras facultades. Su preferencia por los  análisis de las fases depresivas del ciclo  hacía  referencia    a la aparición súbita del profeta demagogo que diseña planes de reconversión exóticos que arrastraban  a los políticos mediocres  temerosos  a los que   los riesgos  les paralizan y terminan  en las filas de ese iluminado que  se convertirá en el líder o führer y finalmente en el dictador, pero que terminará colgado de un poste o masticando la pastilla de arsénico.  A pesar del espíritu crítico de algunos pocos  economistas y humanistas  como Keynes, Stiglitz o Chomsky que pueden ser un referente que vincule  su prestigio ético y  como  economistas con la  democracia, poco pueden prestigiar a la democracia si se contrastan con rigurosos análisis  sobre el retroceso de la  distribución de la riqueza   de Thomas Piketty o la descripción del caos del sistema económico mundial  de Noami Klein que asocia  a la economía con  la violencia y el terrorismo entre otros expertos críticos de  prestigio de la ciencia económica .

martes, 1 de junio de 2021

LAGRIMAS DE COCODRILO POR "BALLYMURPHY

 

LAGRIMAS DE COCODRILO  POR “BALLYMURPHY.”

 

Boris Johnson  no deja de sorprender, pues   se disculpa “sin reservas” en nombre del gobierno  británico  por los sucesos ocurridos en Ballymurphy entre el 9 y el 11 de  agosto de 1971 y que la justicia  ha condenado  el uso excesivo  de ls fuerzas del ejército  británico  en los que murieron   diez personas “totalmente inocentes”. Es la conclusión de la justicia   británica   sobre  aquella masacre del ejército que tuvo lugar en el barrio de Ballymuphy, en Belfast, cuyas impactantes imágenes han sido ampliamente difundidas a lo largo  de los años transcurridos.  La beatífica sentencia de la jueza expresa que “no había ninguna prueba convincente  para justificar los tiroteos  y el uso claramente desproporcionado  de la fuerza”. Y para llegar a  esa conclusión ha  necesitado   50 años.  Pero  las  disculpas  “sin reserva “ de Johnson  tienen  doble intención, pues ha prometido legislar para impedir nuevos juicios “vejatorios” contra militares en sus acciones  durante el conflicto del norte de Irlanda,  lo que ha ofendido al gobierno del Ulster y trata de salvar la imagen de la tropa desbocada . Su cinismo le  lleva a   declarar que  su intención es avanzar en la reconciliación en Irlanda del Norte y  dar satisfacción a las familias de  las víctimas.  Pero a  ese  proceso de  “duelo”  ya se ha unido el ex premier Tony Blair para proponer la creación de una Comisión de la Verdad y Reconciliación  como las de Sudafrica y Colombia y abandonar la línea de apelación  a los tribunales de justicia. Como  astuto político que es,    bien sabe que estas  comisiones  de reconciliación que se  constituyen  en el seno de los parlamentos  de países en los que ha habido conflictos   sirven para ocultar los hechos reales, para que los políticos se vapuleen y la ciudadanía se termine  aburriendo.  Pero lo que les aterra es que los casos se investiguen y acaben con sentencias condenatorias. Aunque como en este caso, la justicia  que tarda en sustanciarse 50  años  tiene escaso  valor. De ello pueden ilustrar  los tribunales españoles.