ORMUZ: AHORA VIENEN LAS PRISAS.
Trump daba la imagen de un cómico al que nadie daba importancia por su estilo, groserías y torpeza públicamente: aparentaba un guy simpático. Se confiaba que Byden ganaría y le mandaría a sus bacanales con su amigo el pederasta Epstein. Pero, como es habitual fallaron las barreras de los políticos profesionales y ganó a Hillary Clinton. Su mandato supuso un shock, tanto para la política mundial como para USA, una sociedad inmadura que acaba de cumplir 250 años. El final de su mandato era de esperar: perdió las elecciones y dio un golpe de estado televisado directamente al mundo, aunque le salió mal, pero realmente la gleba invadió el Congreso. Cuando el show terminó pareció que el mundo respiró pensado que era el fin de una peli de cowboys. Pero todavía no había empezado el espectáculo, pues ganó Joe Byden, un anciano que provocaba pena y sorpresa. Su mandato fue una sucesión de errores de viejo inútil y malvado que se dormía en los debates frente a los otros candidatos porque no se mantenía en pie. Un desastre, y como Trump acusaba al gobierno Byden de falsear las elecciones que perdió, estaba claro que su objetivo era vengarse presentando su candidatura frente al cadáver viviente, Byden, que tuvo que ser sretirado al corral por incapacidad por Kamala Harris. Trump ganó. Empezaba su nueva presidencia firmando decretos imponiendo aranceles a países sin negociación, provocando el caos en las instituciones internacionales, pues anunció la invasión de Groenlandia y Canadá y el genocida Netanyahu le prometió el Premio Nobel de la Paz. En su delirio bombardeó Iran pensando repetir la gesta de la invasión de Venezuela. Pero ignoraba que los persas tienen la llave del petróleo de Ormuz y le ha paralizado sus hazañas bélicas, pues Trump tiene en noviembre elecciones Mid-term y sueña que la fuerza le dará la legitimidad. Si pierde tendrá que negociar a la baja con Teheran, como lo está intentando sin éxito. Además, le espera a él y a Netanyahu la CPI.