EL NUEVO PASEO DE ARTXANDA.
Es el monte de Bilbao por excelencia, pues subiendo en el “Funi” se tiene una vista completa de la ciudad, es espacio de descanso y paseo para respirar aire puro que falta en “El Botxo”. Pero, sobre todo es lugar de recuerdo histórico doloroso para recordar la tragedia que supuso la lucha por la toma de Bilbao por tropas moras al mando de militares golpistas invasores en 1937 y de militares vascos que se pasaron al enemigo. Aun existe infinidad de testimonios de la lucha por la toma de Bilbao siendo defendida heroicamente por gudaris anónimos que dieron su sangre por la Aberria. Hay reconstrucciones como la Ermita de San Roke, la de Lubaki junto al Funicular o la de Monte Avril , y para los que buscaron los restos de sus familiares entre las ruinas del Casino, de edificaciones y sobre todo, los cadáveres de gudaris que cubrían desde el Vivero y Santa Marina hasta Enekuri. Aunque Artxanda se ha trasformado en un elegante parque para solaz y diversión, persiste cierta sensación de “zona de dolor” aun necesitada de homenaje por los anónimos que dieron sus vidas y quedaron enterrados entre escombros bajo el desprecio de los invasores que tienen pendiente pedir perdón y ser juzgados por crímenes de guerra. Algunos chavales en la posguerra subían a recorrer las ruinas de las fortificaciones en busca de balas, bombas de mano y obuses sin explotar, recoger chatarra y venderla, pero la mayoría querían homenajear a quienes sabían que fueron héroes ignorados perseguidos por las tropas invasoras: árabes, italianos, alemanes contra los gudaris. Aun falta investigar el abandono de los gudaris que murieron por la incompetencia del ejército republicano que se negó a enviar la aviación porque fue la táctica para que fracasara el Gobierno de Euskadi. En Artxanda aun falta el homenaje a los gudaris, unos muertos y otros desaparecidos e ignorados.