sábado, 5 de septiembre de 2026
LA FALACIA DE LOS ESTADOS MODERNOS
LA FALACIA DE LOS ESTADOS MODERNOS.
Cuando los ciudadanos conocen las cifras de los presupuestos nacionales piensan que detrás de ellas hay para todo y que el estado pague. Hasta algunos sienten orgullo de que es de ellos. Ignoran que más del 90% es gasto comprometido y que la capacidad de inversión y emergencias es mínima y están colgados de préstamos sin límite para supervivir, por tanto, que lo que gastan lo deben, aunque son impagables y los intereses son el beneficio de los prestamistas. Los estados modernos son los herederos de las monarquías absolutistas que se han convertido en maquinarias gigantescas al servicio de quienes se han apropiado de los patrimonios de los reyes y ahora son de los bancos y corporaciones multinacionales que a veces son más poderosos que muchos estados cuya función es recaudar fondos de las masas domesticadas para que cumplan como siervos dominados por los que les vigilan, les juzgan y si no cumplen, los jueces les condenan según unas leyes que dictan los representantes de los votantes seleccionados por los escribanos y gente de la guerra. Los estados necesitan gestores que administren los impuestos que dicen que son para pagar la cultura de los hijos de los contribuyentes, para que la sanidad cure a los enfermos, para que todos tengan una vivienda digna como lo proclama la Constitución y haya paz. La realidad es que con esos fondos se compra armamento para que los militares defiendan a la aristocracia, para construir cárceles para encerrar a quienes condenan los jueces según leyes que promulgan los poderosos a través de expertos a los que pagan con generosidad y conceden privilegios a cambio de protección. Mientras los poderosos se divierten en sus bacanales con pederastas, políticos corrompidos financiados con fondos públicos y cuando es necesario promueven a enfermos del poder, que terminan suicidándose o colgados de un poste como Hitler o Musolini. Excepto Franco , que murió en la cama, Trump, al que Netanyahu recomendó para el Premio Noble de la Paz imponiendo al mundo aranceles, invadiendo Venezuela o amenazando ocupar Groenlandia. Estos mostrencos incultos y crueles se creen providenciales, pero terminan como el rey desnudo, siendo los payasos que hacen reír a sus súbditos, aunque después de lanzar dos bombas atómicas sobre dos ciudades para saciar su crueldad
J
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