lunes, 21 de septiembre de 2026

INCONVENIENTES DE LA RIQUEZA

 

  INCONVENIENTES DE LA RIQUEZA

Un compañero  de la universidad   escribió un  extraño relato  que tiene moraleja. Estudió con esfuerzo Económicas, era   deportista y ambicioso. Por  razón que no viene a cuento, otro compañero de facultad,  alto cargo de un  banco importante  le hizo  una confidencia sobre una empresa en crisis  cuyo conocimiento le supuso ganar en bolsa una  pequeña fortuna. Además realizó  operaciones  con divisas en el extranjero, lo que  incrementó su patrimonio,  surgiéndole   amigos por todas partes; al principio extrañado, pero como en el nuevo entorno  social hizo  buenos contactos,  aprovechó oportunidades  de  negocios,  se arriesgó  y ganó  hasta convertirse en  un personaje  en Neguri. Pero a medida que se enriquecía se sentía más infeliz, pues se separó de su mujer,  se casó otra vez, para terminar solitario, pero popular en  la high society.  Los  guardaespaldas  más que protegerle,  le  agobiaban. Empezó a pesarle la soledad, pues sus hijos rechazaban  trabajar en sus empresas.. Decidió “arruinarse” porque a pesar de su fortuna y su vida disipada  mantenía ciertos principios que recibió de su familia. Se dedicó a  inversiones de  riesgo: concedió préstamos   a sabiendas de que no podrían devolvérselos   o apoyando  movimientos  pacifistas o nacionalismos  de izquierdas.. No tenía  ganas de vivir. Tuvo mala suerte,  pues  casi todos los negocios de riesgo en los que participó se recuperaban porque su sola  presencia   era  suficiente  para que otros inversores participaran y al final se  convertían en rentables,   agravando  su estado anímico, pues   su patrimonio crecía, con la sensación,  además,  de arrepentimiento porque le parecía injusto  su enriquecimiento. Uno de sus hijos  era  montañero  como él  de joven. Un verano le   propuso   hacer  el Aneto durmiendo en  La Renclusa. Aceptó sorprendido. En el refugio y  después de cenar, cuando  admirando las estrellas envueltos  en el forro polar, junto al nevero, le pregunta: “Aita, por qué me has invitado a esta excursión?”, le responde: “Y tú,  por  qué crees? Porque has visto has creído. Dichosos los que sin ver creen”, Su hijo no  entendió  la cita evangélica, pero se sintió  feliz porque había  recuperado a su aita, pues su secretaria, Muskilda, era  su novia  y le había contado las  “aventuras de su aita  por enriquecerse y el  fracaso  por arruinarse”.


 

 

 

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